Desde la introducción del TARGA (Tratamiento Antirretroviral de Gran Actividad) a finales de los años 90, se han descrito
distintas alteraciones de la distribución de la grasa corporal que se han
agrupado bajo la denominación genérica de lipodistrofia. Estos cambios incluyen:
El síndrome de lipodistrofia asociado a la infección por VIH se ha convertido en la complicación más importante de la terapia antirretroviral de gran actividad por su incidencia, por su relación con un mayor riesgo de aparición de acontecimientos cardiovasculares y por el malestar y estigmatización que suponen los cambios de la figura corporal.
Los cambios en la imagen corporal se presentan progresivamente, habitualmente sin modificaciones en el estado general. El tiempo de aparición de las modificaciones es variable. Lo habitual es que el paciente vaya notando cambios progresivos en la figura corporal, o que los cambios llamen la atención de las personas de su entorno, pero puede ser también un hallazgo del médico durante una exploración física.
Sí que hoy por hoy está claro que el origen de la lipodistrofia es multifactorial y que hay tres factores clave relacionados entre sí, que marcan el desarrollo de este tipo de alteración de las grasas:
Se desconoce con exactitud cuántas personas VIH positivas experimentan lipodistrofia. Las estimaciones oscilan entre el 5% hasta incluso el 75%. Con independencia de las causas, no deben infravalorarse los efectos de la lipodistrofia en los pacientes. Es una dolencia con síntomas externamente visibles lo cual puede afectar a la salud, la autoestima y el estado de ánimo. También puede causar reticencia a desvelarlo y un impacto negativo sobre el cumplimiento del tratamiento.